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Desde pequeño siempre he recibido lo que he pedido y a veces he recibido aún sin pedirlo. He tenido una vida fácil, agradable, y casi siempre he hecho lo que he querido. Siempre pensé que sería así, que seguiría subiendo de manera natural hasta llegar a una hipotética cima. Nunca pensé que habría bajadas ya que mi fe ha sido siempre inquebrantable.
De nuevo tengo que retomar las metas. Ver lo que escribí a primeros de año y no desfallecer hasta conseguir lo que me propuse. A veces se pierde el horizonte, es por eso que hay que mirar las metas de vez en cuando para que no se nos olviden.
Cada noche cuando me voy a dormir, pienso en los logros y fracasos del día y en lo que haré para que el día siguiente sea un poco mejor; y agradezco a mi Dios por todo lo que tengo y por su ayuda. Dar las gracias es un ejercicio de humildad que te beneficia y te hace ser mejor persona.
Cuando me viene un problema, antes de agobiarme lo desmenuzo en días, horas e incluso instantes...
La constancia es muy importante en la vida. Ya sea que hallamos comenzado un proyecto nuevo y halla pasado el tiempo o ya sea que tengamos una relación estable y llevemos varios años, cuando pensemos que ya se hizo todo, es el momento de la lucha. Son muchas las personas que abandonan o desvalorizan el objeto, el esfuerzo o a la persona. Por eso no abandones y sigue luchando.
Estamos aquí en la tierra para buscar la perfección, para intentar ser mejores y pulir nuestros puntos flacos. La perfección no se puede conseguir en un día, es a lo largo de la vida y a través de las metas que conseguimos mejorar.
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